Autor: Diego Murillo1

Qué son las crisis asmáticas

Las crisis asmáticas son una complicación relativamente frecuente del asma. Dadas las características que presentan, suponen un momento de mucho estrés e incertidumbre para el paciente, aun sin valorar la gravedad de la misma, incluso pudiendo poner en peligro la vida del mismo.

Por ello, es de vital importancia, que todos los pacientes que sufren asma, o sus cuidadores, sepan identificarlas, tengan unas pautas básicas para intentar llegar al control de la misma o identifiquen la necesidad de acudir al servicio de Urgencias más cercano.

Características de las crisis asmáticas

Para poder definir correctamente la crisis asmática, es de vital importancia comprender primero qué es el asma.

Según diferentes guías clínicas, el asma puede definirse como una enfermedad crónica, es decir, una enfermedad con la que el paciente tendrá que vivir para siempre, en la que la inflamación forma una parte importante de la misma, concretamente, la inflamación de la vía aérea. Como consecuencia de la enfermedad, se puede producir una obstrucción total o parcial al flujo aéreo, pudiendo ser reversible con la ayuda de ciertos medicamentos.

Esta obstrucción aguda de la vía aérea, o exacerbación, puede llegar a suponer una verdadera urgencia médica, produciendo dificultad respiratoria severa, y en los casos más extremos, pudiendo poner en peligro la vida del paciente.

Las crisis de asma suponen un momento de mucho estrés e incertidumbre para el paciente y su entorno.

Tras estas pinceladas iniciales, podemos decir que una crisis de asma es un empeoramiento repentino de la enfermedad, y se caracteriza por:

  • Aumento de la tos: siendo esta continua, de predominio nocturno, o desencadenada por el ejercicio físico.
  • Sibilancias, también llamadas pitos en el pecho: muchos pacientes incluso lo identifican como maullidos de gatos en el pecho, se perciben mediante la auscultación, aunque en los casos más severos, se pueden escuchar sin estos dispositivos.
  • Disnea: muchos pacientes la definen como “fatiga”, lo que en realidad se traduce en dificultad para respirar o que respirar suponga un esfuerzo desmedido.

La crisis asmática puede ser valorada por parte del propio paciente o cuidador en relación con la gravedad o magnitud de la misma, ya que, en los casos más severos, podremos ver la presencia de alguno o varios de los siguientes síntomas:

  • Cianosis: término médico que hace referencia a color azulado en los labios, dedos u orejas, es un signo de ventilación insuficiente, es decir, que la cantidad de oxígeno que está recibiendo el paciente con asma es insuficiente para las necesidades habituales. Es un signo de crisis severa.
  • Tiraje subcostal: en la práctica diaria se observa cómo al paciente se le hunden o deprimen las costillas al respirar, esto se traduce en la utilización de musculatura no habitual para la respiración y en el sobreesfuerzo antes citado que realiza un organismo para asegurar la oxigenación. Es un signo de crisis severa.
  • Dificultad para hablar: el paciente en esos momentos de la crisis, y dada la obstrucción al flujo aéreo, tiene verdaderos problemas para expresar lo que siente o sufre, teniendo que priorizar la respiración o ventilación sobre el habla. Es un signo de crisis severa.
  • Carencia de oxígeno, así como el acumulo de dióxido de carbono: implica una tendencia al sueño por parte del paciente, sintiendo somnolencia. Es un signo de crisis severa.

Si identifica cualquiera de los cuatro signos previos, es de vital importancia que acuda al servicio de Urgencias de su centro de salud u hospital más cercano para realizar una valoración más profunda y dar solución a la situación.

¿Qué podemos hacer ante una crisis asmática?

Afortunadamente, la mayoría de las crisis asmáticas son leves o, como mucho, moderadas, por lo que con una correcta formación e interpretación de los signos de alarma, el propio paciente puede resolverla.

  1. Mantener la calma: es muy importante mantenerse tranquilo y saber que la situación se puede resolver en pocos minutos. Los nervios aumentarán la frecuencia cardiaca, incrementando además las necesidades de oxígeno del corazón y otros órganos; además, esta situación de nervios nos dificultará valorar la gravedad de la crisis.
  2. Tratamiento precoz: es fundamental conocer nuestro tratamiento de rescate, siendo ideal tener un documento en el que se explique cómo realizarlo, ya que un tratamiento precoz suele conllevar una recuperación precoz.
  3. La crisis asmática no suele remitir por sí sola, por lo que el punto anterior es fundamental, no debemos esperar, hay que iniciar el tratamiento cuanto antes.
  4. Tras la toma de medicación: esperar, observar y reevaluar si la situación se ha corregido, sigue igual o, por el contrario, han aparecido signos o síntomas de los citados previamente, implicando evolución negativa y gravedad.

El número de crisis va en relación con el grado de control de la enfermedad, a mayor número de crisis, peor grado de control del asma.

Factores relacionados con peor grado de control del asma:

  • Uso incorrecto del dispositivo.
  • Técnica deficiente con el dispositivo.
  • Elección de dispositivo incorrecto acorde con las necesidades del paciente.
  • Fármacos incorrectos o insuficientes.
  • Mayor exposición a alérgenos o factores precipitantes de la crisis.

Sea cual fuere la causa, presentar reagudizaciones debe ir seguido de una visita a su médico para intentar evitarlas en un futuro.

Conclusión

Las crisis asmáticas son frecuentes, aunque prevenibles con un correcto tratamiento. En los casos en los que se desencadene una crisis, es primordial mantener la calma y seguir las instrucciones dadas previamente por su médico.

Bibliografía:

  • GEMA 5.2. Guía Española para el Manejo del Asma. Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. 2022. Disponible en: www.gemasma.com

1.Médico de familia en el CS. de Fregenal de la Sierra en Badajoz. Miembro de los GT de Semergen Patología Respiratoria, Diabetes y Nuevas Tecnologías.