Autor: Stefan Cimbollek1

Actividad física y asma

El asma es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada por la inflamación y el estrechamiento de las vías aéreas que puede llevar a tener síntomas como tos, sibilancias autoaudibles, disnea y opresión torácica, entre otros. A pesar de que el ejercicio físico puede ser un desencadenante de los síntomas de asma y hacer que algunos pacientes eviten su realización, la actividad física regular aporta numerosos beneficios.

Uno de los beneficios clave del ejercicio es la mejora de la función pulmonar. La actividad física regular puede:

  • Aumentar la capacidad pulmonar.
  • Fortalecer la musculatura respiratoria.
  • Mejorar la eficiencia del intercambio de oxígeno en los pulmones.

En un estudio publicado en la European Respiratory Journal, los investigadores observaron cómo pacientes con asma que participaron en un programa de actividad física de 12 semanas de duración tuvieron mejoras significativas en la función pulmonar en comparación con un grupo control que no realizó ejercicio. Estas mejoras, en cualquier caso, no suelen ser muy llamativas ni homogéneas y no deben ser el objetivo último ni sustitutivo del tratamiento farmacológico. La mejora debe ser observada en función de los parámetros previamente evaluados y de la hiperrespuesta bronquial desencadenada por el ejercicio.

El ejercicio también ha demostrado una reducción en la inflamación de las vías aéreas en pacientes asmáticos y debería tenerse en cuenta para formar parte de la estrategia terapéutica no farmacológica en el manejo del asma. En una revisión sistemática y metaanálisis de 21 estudios se encontró que el entrenamiento físico redujo la inflamación de las vías respiratorias y mejoró el control del asma en niños y adultos. Esto podría deberse en parte a los efectos antiinflamatorios del ejercicio que pueden ayudar a reducir la inflamación de las vías aéreas y disminuir los síntomas asmáticos.

El ejercicio reduce la inflamación de las vías aéreas en pacientes con asma.

Otra preocupación habitual en pacientes asmáticos es la hiperreactividad bronquial (HRB). El ejercicio regular ha demostrado mejorar la hiperreactividad bronquial en pacientes asmáticos. En un estudio randomizado y controlado, se observó que el ejercicio redujo la HRB en niños con asma en comparación con el grupo control que no hizo ejercicio. En cualquier caso, parece haber una clara asociación entre niveles bajos de actividad física y aumento de la HRB en pacientes asmáticos.

Plan de entrenamiento con asma

El asma bronquial puede llegar a tener un gran impacto sobre la calidad de vida del paciente, especialmente si implica medidas de evitación de potenciales desencadenantes como podría ser el ejercicio. La actividad física, además de la mejora de la condición general, puede mejorar claramente la calidad de vida de los pacientes asmáticos.

Se ha visto que el ejercicio regular puede reducir la ansiedad y depresión, mejorar la autoestima y percepción corporal, así como aumentar sentimientos de bienestar en pacientes asmáticos. Esto es particularmente importante para pacientes con enfermedades crónicas como el asma que pueden asociarse con efectos psicológicos negativos como miedos, ansiedad y aislamiento social.

Por todos estos motivos, es importante que los pacientes con asma cuenten con un plan de entrenamiento básico que debería incluir ejercicio aeróbico, como por ejemplo caminar, ciclismo o natación, así como un entrenamiento de resistencia para mejorar la fuerza muscular.

Este programa de ejercicio debería ser individualizado y adaptado a las necesidades y habilidades de cada paciente asmático y monitorizado por un profesional sanitario. El ejercicio elegido debe ser consensuado con el paciente teniendo en cuenta sus preferencias para mejorar la adhesión al programa. Es importante transmitir la necesidad de hacer un calentamiento apropiado y una finalización progresiva del ejercicio, tomar la medicación inhalada previamente si es necesario y evitar la actividad física en ambientes con temperaturas extremas o con exposición a la polución o alérgenos.

En resumen, la actividad física aumenta la capacidad aeróbica, la condición física general, la autoestima y confianza, la tolerancia al ejercicio, disminuye la hiperreactividad bronquial e inflamación bronquial con reducción consiguiente de síntomas y necesidad de medicación y de rescate.

En conclusión, por todos estos motivos se debe evitar el sedentarismo de los pacientes asmáticos y tener en cuenta que el temor ante una posible crisis o fatiga y la consecuente falta de actividad física puede llegar a ser perjudicial. Con una intervención individualizada, con las precauciones adecuadas y supervisión de un profesional sanitario, el ejercicio es seguro y efectivo para pacientes asmáticos para el manejo de su enfermedad y mejorar su salud en general.

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1. Facultativo Especialista de Área de Alergología en el Hospital Universitario Virgen del Rocío.