Autoras: Patricia Fernández1 y Cristina Ruiz2

Asma y ansiedad

El asma bronquial es una enfermedad heterogénea y caracterizada por la inflamación crónica de las vías aéreas respiratorias. Esta enfermedad afecta a entre el 1-18% de la población en diferentes países, siendo sus síntomas característicos las sibilancias, dificultad respiratoria, secreciones, opresión torácica y tos.

Los casos de asma más grave o peor controlada pueden impactar de forma negativa en diversas áreas de la vida del paciente y sus familiares, con la consiguiente afectación a nivel psicológico y social, así como el deterioro en la calidad de vida. En este sentido, el asma mal controlada puede provocar importantes alteraciones psicosociales en los pacientes y sus familias como, por ejemplo, absentismo laboral o escolar, interrupción de las actividades cotidianas/sociales, impacto en la economía familiar o mayor consumo de recursos sanitarios.

Durante las últimas décadas, numerosas investigaciones han puesto de manifiesto la implicación de factores psicosociales tanto en el desencadenamiento como en la evolución del asma bronquial. Las alteraciones a nivel psicológico, especialmente los problemas de ansiedad, se consideran factores de riesgo independientes y potencialmente modificables que contribuyen a un inadecuado control de la enfermedad.

Cómo manejar el estrés y la ansiedad

El asma es una enfermedad compleja y el impacto de la enfermedad está condicionado por su gravedad, pero también por factores psicológicos; de ahí la importancia de la psicoterapia y la psicoeducación. Como hemos visto, el estrés y la ansiedad influyen significativamente en la evolución, vivencia y manifestaciones del asma, por eso es muy importante un adecuado afrontamiento de la enfermedad, así como el desarrollo de estrategias para un buen manejo de situaciones de estrés y síntomas de ansiedad.

La prevalencia de ansiedad es superior en pacientes asmáticos frente a la población general. Además, se ha demostrado que la presencia de sintomatología ansiosa empeora el control de la enfermedad.

En esta línea, la actitud del paciente influye en el tratamiento. Afrontar supone enfrentarse a un obstáculo o dificultad, en este caso el asma, y esto va a requerir un esfuerzo tanto a nivel cognitivo como conductual. Es probable que para afrontar adecuadamente la enfermedad se requiera hacer cambios tanto a nivel de pensamientos como de conductas, con el objetivo de poder superar, reducir o al menos tolerar aquellas situaciones que nos generan estrés.

Los
pacientes
con asma presentan
más trastornos
de ansiedad que la población general.

Algunas estrategias de afrontamiento a tener en cuenta para este objetivo pueden ser:

  • Estrategias de resolución de problemas: son estrategias que consisten en planificar y realizar acciones encaminadas a solucionar directamente los problemas o situaciones generadoras de estrés.
  • Estrategias de regulación emocional: cuando el problema o situación estresante no se puede modificar, se llevarán a cabo estrategias que ayuden a regular la respuesta emocional ante el problema para un adecuado afrontamiento.
  • Reestructuración cognitiva: incluye estrategias que nos permiten tomar conciencia y cambiar pensamientos negativos desajustados sobre la situación por otros más racionales y adaptativos

Además de estas, hay otras muchas estrategias de afrontamiento que nos pueden ayudar a disminuir el estrés, como pueden ser el apoyo social, el deporte, la meditación, el sentido del humor, flexibilizar creencias personales, un adecuado clima familiar y laboral, alejarse de la situación estresante y potenciar hábitos saludables, etc.

También, se utilizan técnicas como el biofeedback, que entrena a los pacientes a detectar, con la ayuda de equipos tecnológicos, señales corporales para así poder influir en ellas y modificarlas.

Estrategias para manejar la ansiedad en personas con asma

Por otro lado, también existen diferentes estrategias que podemos poner en marcha ante manifestaciones agudas de ansiedad, como en el caso de un ataque de pánico.

Estas técnicas son eficaces para los pacientes que tengan un componente emocional asociado a sus crisis. Para el manejo de la hiperventilación, en ocasiones precipitante de ataques de asma, podemos poner en marcha la técnica de la respiración controlada, cuyo objetivo es conseguir una respiración lenta, regular y no muy profunda.

Algunas recomendaciones para realizar la técnica de respiración controlada son:

  1. Practicar la respiración controlada frecuentemente, en un lugar tranquilo, sin ruidos u otras distracciones.
  2. Al inicio, conviene practicar con los ojos cerrados, posteriormente se puede hacer con los ojos abiertos.
  3. Puedes empezar practicando en posición sentada o tumbada.
  4. Si tienes cualquier prenda que esté apretándote, especialmente la zona de la cintura, aflójala.
  5. Coloca una mano en el pecho y otra sobre el abdomen de forma que el meñique quede justo encima del ombligo.
  6. Toma aire por la nariz y expúlsala por la boca o por la nariz. En caso de tener algún problema para coger aire por la nariz, hazlo por la boca, pero sin abrirla demasiado.
  7. Realiza una inspiración de tres segundos usando el diafragma, para hacerlo correctamente observa que la mano del abdomen se eleva. Evita que los hombros se eleven o que el pecho se mueva.
  8. Expulsa lentamente, durante tres segundos, el aire por la nariz o la boca, observando cómo el abdomen vuelve a su posición. Antes de volver a tomar aire, haz una pequeña pausa.

Conclusiones

La ansiedad es más frecuente en pacientes asmáticos que en la población general. Esta ansiedad puede influir en los ataques de asma y el mantenimiento de la enfermedad, por lo que un manejo adecuado del estrés y la ansiedad (mediante el uso de estrategias de afrontamiento activo y ejercicios de relajación) pueden ayudar a minimizar los ataques de asma.

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1 y 2. Psicólogas clínicas. Hospital Universitario Ramón y Cajal.